"De todas las vidas que no pude tener" último libro de poesía presentado en el Ateneo de Barcelona

 

Prólogo escrito por el Catedrático, escritor y poeta  Ilia Galán 

EL PROFETA DE LA LIBERTAD Y SU VERBO

Volcán poderoso, como el Popocatépetl, estallando de modo incesante, es la existencia de uno de los escritores más fascinantes de España. Y esa explosión de metáforas plena se ve claramente reflejada en la poesía del aragonés Eliseo Bayo, nacido cuando la guerra civil español acababa, aunque en su vida, siempre en lucha, se diría que nunca pudo ser vencido ni sometido y con él la guerra renacía, sobre todo en el espíritu. Eliseo Bayo es un revolucionario con momentos de aventurero que lo asemejan a un personaje romántico. Viajero incansable, visitando más de sesenta países, ha recorrido el planeta desde Alaska al Japón, desde Rusia a  Estados  Unidos, Oriente Medio o Brasil, para residir durante los últimos tiempos en México.

Su formación juvenil en un seminario católico donde se educaba al futuro clero (lugar especialmente sembrado de inquietudes sociales que nunca le abandonarán) le dejó honda huella en su escritura, donde la transcendencia, las imágenes de diversas religiones, el grito por los oprimidos y la rebeldía ante la injusticia son temas comunes. En aquel ambiente surgieron entre sus compañeros, luego sacerdotes, “vocaciones” como guerrilleros en Colombia, curas obreros y comprometidos con la situación de injusticia que sufrían las gentes sencillas. Ya en aquellos tiempos fundó una revista, SubPórtica, periodista precoz, al igual que con trece años escribiría su primera novela. Estudió Humanidades y Filosofía en el seminario, periodismo en Barcelona, y su amplia formación humanística no le abandonará nunca. Traductor de diversas lenguas, desde el latín al ruso, del chino al náhuatl, pasando por el francés, inglés, italiano, etc. Nos encontramos ante un carácter enciclopédico que no deja hueco a su alcance sin  intentar explorarlo y dominarlo.

Rebelde legendario, Eliseo Bayo se convirtió en un mito, ya en los tiempos en que se enfrentara con el rector del Seminario o el Arzobispo de Zaragoza, pero más todavía cuando, después de frecuentar los ambientes literarios de Barcelona a los que acudía, por ejemplo, Ana María Matute, marchó a Francia para entrevistar a los grandes representantes del anarcosindicalismo allí exiliados y al volver fue condenado y encarcelado por rebelión y por sus trabajos vinculados con los anarquistas. En la cárcel ingresaría, más tarde, en el partido comunista, luchando también por la libertad de conciencia, siendo de nuevo castigado. Con motivo de sus revueltas en favor de la libertad de conciencia tuvo que intervenir incluso la Santa Sede, esgrimiendo la razón frente a la imposición de la religión. Después de los años de encierro, dirigiría editoriales y revistas, publicaría el primer libro secuestrado y guillotinado después de los tiempos de la Inquisición –según dicen-, por orden del ministro Fraga Iribarne, a causa de la polémica que generó. Lo mismo sucedería varias veces con la revista por él dirigida y otras publicaciones. Volvería a pasar temporadas en la cárcel, mientras alguno de sus libros era traducido al ruso y publicado por la Unión Soviética, desde Moscú. En España se le prohibió publicar en más de una ocasión, con orden de enmudecer, pero eso es difícil en un escritor torrencial y desbordante como Eliseo Bayo, como el profeta del mismo nombre, impelido a invocar lo divino entre su pueblo para que descubra el engaño y la verdad.

 

Eliseo se convirtió, ciertamente, en un mito, un personaje de novela. Cuando en 1972 le detuvieron, otros grandes escritores como Antonio Buero Vallejo o José Luis L. Aranguren firmaron en un grupo de 250 intelectuales para pedir su liberación de la cárcel Modelo de Barcelona. Los barrotes, lejos de amedrentarlo o amaestrarlo, lo convirtieron en un tigre intelectual; sus rayas, sombras de camuflaje que le permitían saltar sobre la verdad y devorarla con escándalo general, para dejar al aire los huesos roídos de la mentira, su estructura desnuda.

 

Dos años después acude a Lisboa a fin de estudiar y colaborar en la Revolución de los Claveles que acabó con el dictador. Un libro más saldría a la imprenta de aquella experiencia. Nuevo juicio en España, esta vez falsamente acusado de un atentado terrorista; nueva prisión en Madrid, Carabanchel. Visitador de celdas ya acostumbrado a los gritos del maltrato y al hastío del encierro, escribiría la novela Sueños. Discurso y destrucción de los inocentes, que saldría publicada en Lumen, en 1976.

Muerto el general Franco, entra a trabajar con Luis María Ansón en la revista Blanco y Negro, ocupándose de la sección de política, entrevistando personajes relevantes, como cuando fue al encuentro de los grandes maestros de la masonería en París. Luego seguiría publicando reportajes y recopilándolos en forma de libro, como Atentados contra Franco, libro que también será secuestrado por un juzgado. Otras revistas y publicaciones, novelas y ensayos, acabarían por costarle caro cuando la venganza de los flagelados por su verbo se vengaron. Entonces se iría con el Conde de Reus, nieto del general Prim, durante un año viajando por la selva del Amazonas, encontrando tribus que jamás habían conocido a los hombres pálidos, como un aventurero, cazando tiburones y viviendo intensas experiencias que publicaría en Cazadores de sombras. Volvería con Descubro y acuso, arrojando nuevas luces sobre la crisis de nuestra civilización y las mentiras de la economía: “En lugar de trabajar por extender la cultura y la modernidad, los llamados progresistas estimulan la ignorancia y el fanatismo”. Su palabra no es aduladora ni con los camaradas de combate, pues quiere desvelar lo que pasa, sin concesión a las patrañas. Volvería a la aventura de descubrir la cultura precolombina viajando por México y estudiando sus lenguas para volver a España y emprender los estudios de Historia del Arte e incluso realizar su doctorado. Poco a poco, irá publicando textos censurados, como el libro Estrictamente prohibido, o novelas como La niebla es un espejo vacío.

En resumen, se trata de un personaje que podría encuadrarse con otros escritores revolucionarios propios del Romanticismo, como algunos de los grandes poetas del siglo XIX: Espronceda, Heine o Byron, o del XX, como Maiakovski, Neruda, etc., pero su poesía no es un lugar tópico, panfleto social o soflamas desde un aparato doctrinario que plano se arroja como publicidad, sino el fruto de su experiencia, honda y finamente elaborada. Por eso no puede catalogarse como la que fuera a veces plana y simplona “poesía social”, siéndolo.

Su obra como escritor, con más de cuarenta libros publicados como narrador, periodista, politólogo o sociólogo, no se agota en la prosa sino que vemos destacados ejemplos en la poesía, como el brillante libro Dios Toro Poderoso.

Eliseo es un poeta intempestivo que, sin embargo, no se queda en la ruptura, pues busca por medio de los símbolos la sabiduría última a través de los versos. Su verbo se entronca con la más brillante tradición hispánica que parte de García Lorca, en un uso bravo y vivo del color y la metáfora como explosivo que detona en la mente del lector. Su obra es vital, como el mismo autor, lejano a la blandura o a los lugares comunes, pues es un autor personalísimo, único, que va, sin duda, como su existencia, por libre. Así leemos:

 

“No creas que la tristeza es el vestido

de mi despertar.

No tengo casa ni equipaje 

 

Rehúyo los caminos que otros hicieron

y las sendas que existen

para el regreso 

 

No quiero volver a donde no viniste

ni aplaudiré las palabras

que se te atribuyen 

 

Si quieres algo ven a verme

Cara a cara

Donde a nadie se le ocurra ser testigo

de tu capricho” 

 

De todas las vidas que no pude tener surge la vida que él hizo como quien crea un sueño, una obra de arte, pues él se esculpió frente al mundo, titánico, intentando transmutarlo, aunque estuviera tantas veces encerrado. Si no pudo vivir más vidas es porque no le dejaron, pero, como Valle Inclán, las vive a través del arte que engendran sus versos. Aquí lo tiene el lector, abierto al público. Al fin y al cabo, tal y como abre el libro: “El corazón es un preso sin sueño”, si no se le da vuelo.

 

Este “testigo del último derribo”, sin embargo, se construye y alza entre las ruinas de la existencia con su grito lleno de vida, “Barruntado entre barrotes el Sol”. Poesía que nada tiene que ver con artificios o vanidades, con versos dedicados a un bikini o a pasatiempos, sino que se nutre de las honduras propias y se entrega como un sacrificio a la humanidad, abriendo su corazón como un azteca que es ofrendado en lo alto de la pirámide. El caso de Eliseo Bayo es único. Si su obra poética no es más conocida se debe sin duda, más que a lo que su vida azarosa le oculta con vital estruendo o su obra periodística, política o narrativa, a que no ha frecuentado los grupos donde se reparte la fama como en un mercado de jamones y chorizos, administrando prebendas, y ha ido, en cambio, por su cuenta, trovador celeste, sin reparar en hacer la corte a los señores feudales de las letras que tanta influencia tienen en nuestras tierras. Pero la gran poesía no necesita de esas ayudas y se reconoce, pese al silencio de los premios o los aplausos endogámicos de los grupitos mafiosos o amistosos. Su obra vence pues convence, ya que del alma en carne viva emerge.